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martes, 15 de septiembre de 2020

Rafa CAMPEZO: Desde DaniFalkis al más allá

 

Ascendió del filial en la T55 la tercera del Equipo en V, junto a Diego Blanco, hijo del mítico Capitán del equipo original, que destacaba como lanzador a balón parado y delantero, pero se encontró en los juveniles con los Parfenie, Jares y después Parias lo que le obligaron a subir al primer equipo sin duda prematuramente y con pocas oportunidades de triunfar.

Rafa estuvo 2 temporadas en el filial jugando sobre todo como mediocentro y delantero. Destacan sus 8 goles en la primera temporada que le convirtieron en el Pichichi del equipo juvenil, consiguiendo incluso un hattrick. En el equipo absoluto ha llegado a anotar 23 goles, destacando sus 19 en Amistoso y un gol en Liga. Consiguió una máxima puntuación de 5,5* y ha disputado 78 partidos con el Club.

Jugador muy apreciado en el vestuario, fue uno de los habituales como comodín en el centro del campo y a veces incluso en defensa.

Sin haber cumplido los 28 años y habiendo conseguido ya metas importantes como el haber debutado en V y haber conseguido el regreso a esa división en una temporada memorable, ha solicitado al Club el permiso para ser traspasado en busca de nuevas metas y nuevos logros.


Finalmente y a pesar de muchas reticencias, ya que su proyección era muy buena y podía ser un posible sustituto para la línea medular en caso, más que previsible de lesiones, Molins decidió permitirle la crata de libertad para negociar su fichaje por otro equipo.

Su marcha al SV148 FC. , un equipo habitual de la VI división de Rumanía, recientemente adquirido por un nuevo propietario y estrenando nueva denominación, parece la oportunidad idónea para poder asumir más responsabilidades y contar con la continuidad que no ha tenido en el Equipo, y sacra provecho de la experiencia de la alta copetición y los éxitos tan destacados que ha compartido con el Equipo de su juventud.

Le deseamos mucha suerte y le seguiremos con expectación. 

 

 

jueves, 21 de mayo de 2020

De delanteros


La cosa va de delanteros. Y de mitos. Y de leyendas. Y de goles y goleadores. 
Y de entrenadores y canteranos.

Marsá, que fue el más grande goleador de la historia en su momento, y con todos los récords de anotación imaginables, deja el banquillo .

Y Molins, el primer canterano que fue Capitán del primer Equipo, el juvenil de los 2 pichichis, se convierte en el primer entrenador salido de DaniFalkis y el tercer goleador histórico del equipo.

Y justo cuando el uno sale y el otro entra, en el traspaso de carpetas y del silbato, aparece por medio una herencia, un guiño y un regalo: Felis Dintén un espigado delantero de apenas 17 años del juvenil al que el primero sube, sin acabar la temporada de DaniFalkis, para que el segundo le haga debutar sólo dos días después de jugar su último partido con los amiguetes del filial.

El chico, tan popular como el mismísimo Ratoncito Benabeu -que por cierto, es el actual máximo goleador, leyenda del Club y el jugador que más partidos ha jugado y además canterano y segundo capitán-, según llega al vestuario escoge el número 14 nada menos. Sin pestañear. Y cuando el avispado periodista le clava el aguijón de si no le da respeto, contesta con naturalidad y algo de picardía que, “es que el 9 lo han retirado esta mañana”, aludiendo al homenaje a Marsá, el Mito.

Y cuando sale al campo, en su debut, esgtrenando ese nñumero 14, en la tripleta atacante con Rutherford, el poseedor del anterior récord de goles por temporada en el filial -2o, que Dintén ha subido a 23- y el juvenil que dejó 15 goles de media por temporada, más que nadie, y una racha de 8 partidos marcando y un total inigualado de 30 goles; y con Jesús Parias, que además de los 22 goles en el juvenil en sólo 2 temporadas, lleva en su primera temporada marcados ya 5 goles con los mayores; bueno pues el chaval sale al campo y a los 15 minutos le hace un caño a su marcador y marca su primer gol con el primer Equipo. Y cuando todavía se está comentando la jugada en el palco y en el banquillo, dos minutos después, aprovecha un centro desde la banda y de volea, sin dejarla caer, marca su segundo gol. 17 minutos de profesinal y ya ha metido dos goles.

La leyenda, ¿continúa?.


martes, 19 de mayo de 2020

Jonás MARSÁ: El más grande de la historia.


 Con el final, ligeramente agridulce, de la temporada, llega el momento de la renovación en el banquillo y la retirada de su entrenador, el dmás grande jugador de la historia del Club, Jonás Marsá.

Descubierto en la cantera de un equipo murciano y traspasado sin debutar en el mismo, pasó apenas una temporada en Francia forjándose, para recalar por 429k euros en Falkis.
Llegó al Club como jugador en la T22, con el entrenador Mazzola, en VIII, la siguiente a la “Liquidación”, el mismo día que el que se convertiría en su compañero inseparable en la delantera y luego en los banquillos, Maciej Gierada. En ese inicio de temporada también llegaron a otros mitos del equipo como el chileno Vallejo y o el finlandés Kivela.
Y se ganó la Liga. Y en la siguiente consiguieron el ascenso a VI.

Como jugador se mantuvo en la primera plantilla durante nada menos que 25 temporadas consiguiendo 3 títulos de VIII y 1 de VII. Con 4 ascensos a VI.
 
Su capacidad de liderazgo y su carisma personal, le convirtieron pronto en un elemento esencial en el vestuario y heredó el brazalete del Gran Capitán, Enrique Blanco.
A su llegada coincidió aún con leyendas del Club y mitos de la primera plantilla como el mencionado Capitán, Jose Ramón Arra, Bassets, Lluch, Sirgo, Melero y Antonio López el goleador del Equipo en las primeras décadas y hoy Secretario General del Club. Sin duda la influencia de este delantero marcó tanto a Marsá como a Gierada y les inclulcó a ambos el amor por el juego ofensivo, valor que han desarrollado también en su faceta de entrenadores.
 
Destacó por su inteligencia ante el gol, dominando como nadie el desmarque y apareciendo siempre donde la oportunidad se hacía patente. 
Formó pareja con Gierada, el suizo Koch, Buniyatov,
Y coincidió con otros grandes del club como los Fortuny, Gilbert y Winifredo Martínez Sáenz; los Rogersson y Danielsson; Mitrache y el Cristea el también delantero rumano; o los epscialistas ablón parado Kosinski, Kivi, Vander Lijn, De Wijk; los guardametas Tunaru, Calveras, etc.
 
Se retitró como jugador en T47. 
En las Temporadas anteriores había visto la llegada de los delanteros canteranos que marcaron época hasta sus traspasos, como Carlos Ríos, (el jugador traspasado récord hasta la actualidad por encima del Millón y medio de euros), Zubiarre y Zuleta. Posteriormente compartió vestuario con unos jovenes jugadores que también se harían mitos del Club y sus sucesores en las labores y en la lista de goleadores, como los Gomila, Molins y sobre todo Bernabeu.
 
Máximo goleador en todas las categorías de partido en su momento. Primer jugador en alcanzar los 100 goles toatles o los 76 en Liga. 4 veces Pichichi del Equipo (la priemra en la de su debut junto a Gierada con 12 goles. Y en la T2 Pichichi del Grupo de VIII con 11 goles.
Sus marcas, oincontestables: 110 goles en total, 76 en Liga, sólo superado por Bernabeu, 6 en Copa y 28 en amistoso.
3 Ht en Liga, 1 Ht en amistoso, autor del Gol 500 del Club y también del Gol 500 en Liga, además del 300 en amistoso.
El primero en llegar a los 50, 80, 90, 100 y 110 en el total y en Liga los 60 y 70.
El jugador con más partidos disputados en su momento, nada menos que 272, sólo superado en el momento de su retirada del banquillo, sólo por los Molins, Gomila y Bernabeu, este último su heredero natural en partidos y goles anotados.


Tras un par de temporadas a la sombra de su maestro y compañero Gierada, en el banquillo de Falkis, pasa a entrenador en solitario a mediados de la T47. Esa misma temporada desciende a VII y de allí, en 5 temporadas asciende al Equipo a la V división.
En la T48 gana la Liga en VII con facilidad y solvencia, sin fichaje alguno, en una temporada casi perfecta: 13 victorias y un empate.
 
En VI se mantiene en los tres primeros puestos y en sólo 4 tempoaradas, en la T52 gana el título de VI y asciende al Equipo a V en el partido de Promoción.
 
Sin duda el mayor éxito en la historia del Club.
 
A pesar de la debil, envejecida y sencilla plantilla, a base de genio táctico y sobre todo del perfecto conocimiento de sus jugadores y de su capacidad de Liderazgo, sabiendo sacar siempre lo mejor de cada uno en cada situación y en cada puesto, mantiene durante 6 temporadas el equipo en la exigente V, consiguiendo incluso un segundo puesto y alcanzando en varias jornadas el puesto de Líder, llevando al Equipo al puesto 834 de la Clasificación Nacional, la posición más alta del Club en toda su historia.
En su vuelta a VI, en 4 temporadas, consigue dos segundos puestos y en esta temporada es líder hasta el partido final.
 
De sus manos ha salido el mejor Falkis de la historia con los más altos logros. Siguió el concepto del Equipo Total, basado en un mediocampo muy fuerte con los Parra, Pinilla y Aneiros y con fichajes veteranos en apoyo de los delanteros en formación y el uso de muchos comodines de la cantera.
 
En estas 15 temporadas, sacó del juvenil multitud de jugadores de apoyo muy fiables como los Flórez, Capdevila, Martínez Salas, Giménez Paz, además de la última hornada de delanteros que serán grandes fuguras como Jares, Pafenie, Orge, Parias, Rutherford, o el recién ascendido, Dintén, del que se dice que será su legado para el próximo entrenador su Capitán durante muchas temporadas y mano derecha en la dirección del Equipo dentro y hasta fuera del gterreno de juego, Ignacio Molins.
 
También se prodigó en los fichajes muy económicos y prácticos, como los Gangneux, Scholz, o los galácticos Hajiabadi, Woon Sun An, Chaturvedi, y una interminable lista de eficaces jugadores en su segunda juventud como Kida, Olek, Majidi, Immerzeel, Jagoda, Ostengo, Alejandro César, Engler o Neufus, hasta los recientes - muchos de ellos a precios realmente irrisorios - Penha, Navarro, Jiaminj, Salas Guzmán, Lubecki, Marquitos, Soneca, Vayer o Rodrigues. Y por supuesto el fichaje más caro de la historia del Club, el guardameta Camporese.


Hay quien dice que algunos de estos fichajes, la mala suerte de las lesiones de algunos de ellos y la desilusión de la última jornada de esta T62 en que se acariciaba el anhelado  título de VI y la remota posibilidad de un nuevo ascenso a V, han sido la causa de que el Míster Marsá perdiera la confianza del Propietario, tan dado a las decisiones viscerales, como a los excesos verbales.
Precisamente, era Marsá el que en muchas de esas ocasiones ponía con su tranquilidad, equilibrada personalidad y su ecuanimidad en todas las situaciones, el contrapunto y la calma necesarias en los declaraciones oficiales del Club.


No obstante su futuro en Falkis queda asegurado – gracias al buen hacer de Antonio López – con el puesto de Director de Relaciones Institucionales del Club.
 
Como homenaje el Club retirará su camiseta con el número 9.
El único jugador en la historia del Club merecedor de semejante honor fue el guardameta Emmanuel Brunelle, la primera gran leyenda de Falkis.


jueves, 12 de marzo de 2020

T62: Jornada 5. El largo adiós...


Encarrilada la Temporada 62, con el Equipo en la primera posición de la tabla y las aspiraciones al máximo, la victoria ante el más claro rival, el clásico Real Zaragoza, el objetivo del título y quién sabe si el ascenso, se vislumbra cada vez más claro.

Pero las buenas noticias se vieron ensonmbrecidas por la grave lesión de un jugador efímero pero fundamental en el Club: Marek Lubecki.

El polaco que llegara al Club en la T60 se convirtió de inmediato en el referente de la defensa y el artífice de las jugadas a balón parado. En esa primera temporada jugó los últimos 8 partidos con brillantes calificaciones rondando las 6 estrellas y contribuyendo decisivamente a la permanencia. Anotó 4 goles y lideró a la remozada defensa.

En el partido inagural de Liga de la siguiente temporada contra Real Zaragoza, en que las aspiraciones eran muy altas, sufrió una dura entrada y una gravísima lesión que parecía suponer el fin de su carrera con apenas 38 años. No obstante su determinación le hizo volver al Equipo al cabo de 12 partidos. Si bien su vuelta limitó a medios tiempos sus actuaciones, sus calificaciones en las 5 estrellas devolvieron la tranquilidad a la zaga. 
 
En la actual Temporada 62 seguía siendo un elemento esencial: el revulsivo en las segundas partes. Pero en esta 4ª jornada de nuevo contra Zaragoza, el rival que ha marcado su acrrera, en el partido cumbre de la temporada seguramente, y cuando recuperaba su mejor resitencia y empezaba a alargar su tiempo en el terreno de juego hasta casi los 60 minutos, fue vícitima de las malas artes del jugador italiano Pierleoni que cruzó todo el campo desde su banda hasta la opuesta que ocupaba Marek para asestarle una fea y dura entrada. Ya sabemos que la vendetta en Italia se sirve al dente, como la pasta...

De nuevo su maltrecho tobillo sufrió las peores consecuencias que se confirmaron ya en el centro médico con el peor diagnóstico: lesión irrecuperable... era el adiós definitivo.
Con 39 años y 23 brillantes partidos disputados con el Equipo, ha tenido que decir adiós un gran, un inmenso jugador que recorrió nada menos que 9 plantillas y llegó a alcanzar los 140.000 puntos de TSI. Un tipo realmente carismático cuyo lugar en el vestuario será difícl de llenar, precismante en esta temporada tan ambiciosa.


También a lo largo de las últimas semanas, el Club ha despedido a grandes jugadores que se ganaron un hueco en su historia: 
 
El delantero transalpino Piero Ostengo, gran cabeceador y una referencia desde su llegada en la T54 con un fichaje estrella de 1,285,000 euros, entre los tres más caros de la historia del Club. 111 partidos disputados con el equipo y un récord de 40 goles; Pichichi del Club en la T55 con 7 goles en la difícil V y alcanzando las 10* junto a Molins y Bernabeu.


El defensa polaco Wojciech Kida, que llegara en la T55 con el equipo sobreviviendo en V y que colaboró en la mágica temporada de ensueño en que el Equipo no sólo llegó a ocupar el liderato y consiguió momentáneamente su mejor clasificación entre los 834 mejores del país, sino que acabó en una brillante, inesperada y gratificadora segunda posición. Con 41 años y 103 partidos disputados con el Club, llegó a su récord de 8* formando línea con Majidi y César. Una inoportuna lesión en su maltrecha espalda en la T56 le dejó en el dique seco 13 semanas, lo que dada su edad ya fue irrecuperable.


Diogo Pedro Marquitos, un inconmensurable portero al que la mala fortuna en forma de gravísima lesión apenas le permitió mostrar su enorme calidad en los apenas 8 partidos oficiales que disputó entre la T59 y la T60. Sus puntuaciones en los cinco últimos partidos de la T59 en torno a las 6* auguraban una nueva época de esplendor, en el momento en que un avejentado aunque aún voluntarioso Hajiabadi pedía el cambio y los jóvenes Aribau, Iribarren o luego Barbé, no acababan de evolucionar en un equipo dedicado a crear goleadores.
Nada más comenzar la T60 una grave lesión de 16 semanas cortó de cuajo las ilusiones del jugador y del Club que había encontrado por fin un guardameta que devolvía la seguridad a la zaga. A pesar del duro trabajo y la persistencia en la recuepración, la vuelta fue casi testimonial con muy pocas posibilidades y muy mermado. Una segunda lesión hizo que el gran guadameta barsileño, quizás la estrella más fugaz del firmamento Falkis, cerrara definitivamente su carrera con 40 años y un total de sólo 18 partidos jugados para el Club.


Otro de los jugadores que ha colgado las botas, en este caso para pasar al staff técnico del juvenil, ha sido el canterano Ignacio Flórez, un delantero versatil que aprovechó bien el entrenamiento de jugadas y su habilidad en lateral para convertirse en un media punta disponible para todo. 
Su carrera en DaniFalkis no pudo ser más relevante: 20 goles en dos temporadas con un promedio de 10 goles por temporada, que le convierten en el más efectivo, sólo superado por los jóvenes de las ligas de 16 equipos; autor del gol 1000 del juvenil; una puntuación máxima de 8,5 en delantera y 7,0 en el lateral en el que habría llegado a “Excelente”, como sólo otros dos jugadores lograron: Olano en jugadas y Sartorius en Balón Parado. 
Un jugador del Club que trabajaba constantemente para el Equipo al que tocó vivir a lo largo de 12 temporadas a la sombra de diversas sagas a cuál más brillante con los Bernabeu, Molins, Jarés o Parfenie...
Su llegada al equipo juvenil como asistente sin duda dará un nuevo brío a muchas futuras generaciones de canteranos.


Y finalmente dos jgadores de los Paises Bajos: El medio lateral y defensa Fokke Immerzeel y el central y lanzador a balón parado Iklil Majidi.

Immerzeel llegó en la temporada 54 con la etiqueta de jugador versátil, tanto por su capacidad para mover le balón, como para defender o internarse por la banda. Vino en el póker de refuerzos junto a los César, Jagoda y el delantero Ostengo. El complemento ideal para los Pinilla, Parra y Aneiros, venía de un largo periplo por otros 9 equipos anteriores. Al acanzó una brillante calificación máxima de 8* como medio lateral en la T55 y llegó a disputar hasta 148 partidos con los colores verde, balnco y oro. A pesar de cierta habilidad a balón parado sólo consiguió 12 goles con el Equipo, pero se lleva en su haber el gol 3,400 del Club.

Por su parte Iklil Majidi que llegó una temporada antes, destacó como lanzador balón parado, elevando esta faceta a un nivel que jamás antes se había logrado. Fruto de ello son los 55 goles en sus 149 partidos disputados. Llegó a alcanzar el Pichichi del Equipo en la T54 junto a Molins, con 5 goles. Destacó en toda la línea defensiva, pero alcanzó su cenit en el centro con 7*. 
Al igual que su compatriota, con quien compartía un carácter arisco y distante, se retira a los 41 años siendo también un jugador muy valioso y reconocido.


sábado, 8 de febrero de 2020

T61: Vuelta al buen camino...


Tras una sufrida y gris temporada 60 en la que el Equipo consiguió la permanencia directa como único logro, la T61 empezó con gran exigencia de resutados por parte del Propietario y de la afición. 
Era la temporada 45 del Equipo y se necesitaba devolver la ilusión.

El Míster Marsá logró un único refuerzo de categoría con Salas Guzmán para complementar en la zaga a los Lubecki y Jiaminj que llegaron la temporada anterior. También se fichó a un tal José Mohedano, un joven defensa de poca calidad, en una oscura operación dicen que forzada por algún compromiso familiar del propietario. Su bajo aporte al equipo en una línea en la que se exige demostrada calidad y la falta de posibilidades de mejora por falta de oportunidades, hicieron que el chico fuera despedido a final de temporada. Aunque se le ve asiduamente en el entorno de la planta de Presidencia del Coliseum...

A falta de presupuesto para afrontar fichajes, Marsá continuó alimentando al primer equipo con las jóvenes promesas del juvenil. Entre ellas y demanera espcial con el canterano Philip Rutherford, un delantero ya mítico en el filial que ascendió para completar el elenco de jóvenes delanteros que son el futuro del equipo junto a los ya consolidados Jares, que ha seguido su ascemso hasta ser el 2º jugador en el MVP de la temporada; Parfenie, siempre entre los más goleadores y valorados y Filegonio Orge, el futuro capitán y estrella en ciernes.

Si los resultados de los titulares ya fijos, Jares y Parfenie, son relevantes de manera permanente pore encima de las 8 y hasta 9 estrellas – 7 y pico en el caso de Orge – , la irrupción esta temporada del joven de ascendencia británica Rutherford ha sido ciertamente espectacular: en su partido de debut con el Equipo conseguía 2 tantos –¡ el primero a los 2 minutos de juego ! –, para en su segunda titularidad, también en Copa, entrar en la historia del Equipo con su primer hattrick: 3 goles, cerrando su participación en esta competición con 5 goles en 2 partidos, lo que le convierte en el pichichi en Copa de la T61. El primero de estos  goles se convirtió en... ¡¡¡ el gol 3.500 del Equipo en su historia !!!!. A estos goles en Copa hay que sumar los 7 conseguidos en amistosos – pichichi también en estos partidos – , lo que le aúpa al primer puesto de los goleadores del Equipo esta T61 con 12 tantos.
Esto aún no es todo lo soprendente que parece ya que en su paso por el juvenil había  establecido todos los récords posibles: una racha de hasta 8 partidos consecutivos marcando; un Fourtrick (póker para el resto del mundo) con 4 goles en un partido oficial; máximo goledor de DaniFalkis en su historia con 30 goles en tan sólo 2 temporadas; máximo anotador en una temporada con 2o goles y mejor media de goles por temporada con 15; etc.

En el primer peldaño de los goleadores de la temporada comparte puesto con el también joven canterano Orge en su tercera temporada en el Primer Equipo y en la que ha conseguido ya la titularidad. En su caso, quizás con más mérito ya que de los 12 goles anotados hasta 4 han sido en Liga en las pocas ocasiones de que ha podido disfrutar.

El máximo goleador en Liga ha sido Jares con unos discretos 5 goles lo que le situa en el 5º puesto del Grupo, pero que han servido para que el Equipo sea con 38 el equipo más goleador. También han contribuido hasta otros 14 jugadores entre los que cabe destacar a Gasau con 4 goles y ya convertido en un habitual de la titularidad en el mediocampo, los 4 goles de Navarro – 3 de ellos de falta –en el partido contra el posterior Campeón de Liga, Revolta, en lo que supuso la única derrota del Campeón en toda la Liga; otros 4 goles en la temporada para el recién contratado Salas Guzmán, especialista a balón parado también; y muy de destacar los 2 goles del joven canterano Campezo al que el cambio de tipo de entramiento abandonando las jugadas le dejó como estrella a punto de explotar.

En la portería del Equipo destacar la vuelta de Hajiabadi a pesar de sus ya 41 años a la titularidad compartida con el hongkonés Jiaminj, ante la retirada por grave lesión del efímero y magnífico Diogo Pedro Marquitos.

El Equipo a pesar de una desastrosa derrota contra el colista, en un claro error táctico y de exceso de confianza, ha logrado remontar en la segunda vuelta para acabar en una más que digna 2ª posición, que si bien ha quedado a 10 puntos del Campeón, ha sido un gran premio al esfuerzo realizado, especialmente con la victoria en el último partido por 3-1 ante el eterno rival Zaragoza, para darle la vuelta al golaverage particular tras el 3-2 de la primera jornada.

Por el camino, la vuelta a los partidos tácticos y bien estudiados del Míster Marsá, que tanto se echaban en falta, sacando todo lo posible a una plantilla que envejece con apenas refuerzos y recambios y que cada día sufre más lesiones como la ya comentada de Marquitos de 23 semanas; la de Lubecki (15 semanas) de la que el polaco se ha recuperado a base de tesón y trabajo para volver a ser un pieza esencial en la defensa; la de Pinilla que le ha supuesto un bajón de rendimiento del que intenta recuperarse como ya le siucedió a Aneiros, César u Olek entre otros.

También destacar las actuaciones de Parra, encumbrado incontestablemente al MVP de la temporada por su calidad; las de los delanteros Jares y Parfennie que ya entran en el top-3 de mejor jugador y son los únicos en arrebatar algún MVP de partido a los habitaules Pinilla y Parra; las de Gasau tomando el relevo con brillantez cuando Aneiros o Pinilla han dejado el hueco; la aportación de Salas Guzmán que ha devuelto la solidez a la defensa además de asumir con éxito la repsonsabilidad del Balón parado y hasta la Capitanía desde su primer partido; las cada vez menos habituales pero siempre importantes aportaciones del Ratoncito Bernabeu, que siguesumando goles a su leyenda, o del Capitán Molins, abocados al relevo por la nueva generación ya imparable; el espléndido elenco de veteranos defensores que a base de dosificar sus apariciones y alternando sus actuaciones han conseguido ayudar en la zaga con los Penha, Navarro, César y hasta un rejuvenecido Olek; y los jóvenes llamados a cubrir huecos de manera eficaz cuando así se les ha necesitado: Capdevila, Campezo, y los debutantes Giménez Paz, Elguea o Ghardinazzi; hasta completar los 24 jusgadres que han saltado al terreno de juego a lo largo de la Liga a defender los colores de Falkis.

Al final de temporada y con la T62 ya abriendo las puertas, por el equipo técnico se ha continuado una lenta pero constante renovación de la plantilla dando salida a muchos de los veteranos y estudiando posibles nuevos fichajes, porque tras este nuevo segundo puesto está claro que el objetivo del Equipo sólo puede ser el asalto al título y al añorado ascenso a V.


viernes, 22 de noviembre de 2019

Raül Gomila: El Coloso de Falkis


Raül Gomila llegó al Colegio de las reverendas Madres Clarisas de la Caridad con apenas 15 años procedente del Colegio Padre Mañanet de Barcelona. 

Su enorme tamaño, incluso a esa edad, no era el mejor camuflaje para pasar desapercibido siendo “el nuevo”. Pero su afable manera de ser conseguía darle la vuelta a los dardos que le mandaban el resto de alumnos tratando de incomodarle, para acabar haciendo reir a cualquiera. Una personalidad sobria, una mente equilibrada y sobre todo su gran sentido de la justicia hicieron que pronto fuera el defensor de todos y como no, el baluarte tras el que se protegía el Equipo.

Una graciosa anécdota en el momento de su inscripción en el equipo juvenil trastocó la tilde de su “u” en una diéresis que acentuaría su singularidad a lo largo de toda su carrera. 
Raül era así: nada le desquiciaba a todo le sacaba provecho. En su caso, nunca mejor dicho, “al mal tiempo, buena cara”. No en vano en los peores días de lluvia, frío, barro y viento era cuando mejor jugaba, cuando se encontraba “como pez en el agua” y cuando sacaba todo el potencial a su fortaleza física. (ver T56.Sexta victoria contra viento y marea en el Blog de Falkis).

En DaniFalkis no destacó especialmente en la faceta goleadora, donde logró unos discretos 11 goles en 3 temporadas, eclipsado por jugadores como Mesías -- que es aún hoy en día el segundo máximo goleador junto a Orge y tras Rutherford--. Pero su complexión fuerte y su caracter equilibrado, junto a su capacidad de liderazgo y cierta habilidad a balón parado, llamaron la atención del Míster Gierada.
Ascendió a la primera plantilla en la T39, con sólo 17 años, siendo el primero de los tres delanteros que luego serían, junto al máximo goleador Bernabeu y al eterno Capitán Molins, la delantera de la época dorada del Club. A su llegada compartió vestuario y estuvo a la sombra de los tres primeros grandes delanteros canteranos: Zubiaurre, Zuleta y el “jugador del millón y medio de euros”, Carlos Ríos. Pero lejos de abandonarse ante la evidencia tabajó duro y aprendió de los mejores, para cuando estos dejaron el Club en las temporadas 46 y 47, aprovechar su oportunidad con un más que consistente relevo.

Y tanto. 
Su explosión en la T48 con el Pichichi compartido (en VII y logrando el ascenso a VI) con Danielsson con 16 goles que hasta ahora es el récord -- igualado posteriormente por el ya mítico Bernabeu un par de temporadas después --  más un nuevo Pichichi en solitario en la T51 (VI) con 10 goles y finalmente -- de nuevo con Bernabeu -- en la T53 (V) con 6 tantos su último trofeo de máximo goleador del Equipo, le han convertido en el momento de su retirada en el 2º Goleador histórico del Club, con nada menos que 105 goles (69 en liga + 17 en copa + 64 en amistosos, siendo líder absoluto en estos últimos). 
Otros hitos de su carrera goleadora son los 2 Hattricks en liga (uno con 5 goles!!! siendo el récord del Equipo nunca igualado hasta la fecha), 1 Ht en Copa y 2 Ht en amistoso (1 con 4 goles). También fue el primero en llegar a 60 goles en amistosos.
Como detalle en la historia más emotiva del Club, señalar que marcó el primer gol, el empate a 1, en el partido de ascenso a V...
Pero sin duda el gran hito de su carrera, el hecho que le pone en mayúsculas en la historia del Club son esas 12,5 estrellas, ¡¡¡ récord del Club!!! en un partido de lluvia, como no, al final de la T48, en un amistoso. Su momento más brillante en esas temporadas irrepetibles en que era habitual que superara las 10 estrellas y que figurara constantemente entre los primeros de la tabla pichichis o el equipo de la jornada.
Finalmente no en vano logró el MVP en la T49, muy merecidamente.

Desde el descenso a VI, se venía rumoreando su posible salida del Equipo. El Presidente quería hacer caja de cara a la siguiente temporada para buscar refuerzos e intentar el ansiado regreso a la V y Raül era la opción más clara. Por otro lado nunca tuvo reparos en finalizar su carrera en otro Club, si con ello ayudaba al Equipo de su vida, pero las reticencias del sabio Entrenador Marsá que quería incorporarlo a su equipo de entrenadores, fueron retrasando el momento.

Finalmente ha sido una grave lesión en su maltrecha espalda la que dada su edad recomienda su retirada al staff del Club y al Salón de la Fama Virtual. 
En su último partido, amistoso contra un equipo polaco, vivió momentos trascendentes y opuestos como la anotación en el minuto 10 de su gol 150, su último gol, y la grave lesión, como consecuencia de una fea y desproporcionada entrada del inexperto y descerebrado centrocampista rival Jannik Krogsgaard.

Tras 321 partidos en el Club y siendo el jugador más veterano de la plantilla en activo, decidió colgar las botas la semana pasada, siendo uno de los más queridos por los Dragones y un auténtico luchador que supo imponer su físico en todas las ocasiones y ante todos los elementos.
Su gran experiencia y sus dotes de liderazgo le convirtieron en el tercer capitán y ahora en un fichaje impagable para el cuerpo técnico.

A lo largo de su larga carrera se ha ganado muchos adjetivos: incisivo, solvente, fiable, contundente, trabajador, constante, etc. Pero sin duda lo que mejor le define son su consistencia y su regularidad.
Ha sido el faro que siempre ha guiado al equipo en los peores momentos, contra viento y marea. 

El auténtico Coloso de... Falkis.


sábado, 16 de marzo de 2019

T58: El Fin del Sueño


Aún ahora, en que el pulso me tiembla sin remedio y los dedos trazan irregulares líneas en el papel, casi sin conseguir ligar unas letras a otras en una palabra apenas inteligible, me gusta sentarme al anochecer en este rincón del salón, junto a la repleta librería de madera de acacia, a la luz de esta antigua lamparita cromada cuya bombilla incandescente, obsoleta y seguramente ilegal, tiñe todo de un cálido tono miel, para escribir alguna de las cosas que he podido vivir antes de que el pozo de mi memoria se quede seco o, lo que probablemente sucederá antes, no sea capaz de encontrar la manera de subir el cubo con la preciada recompensa.

Siempre me ha gustado seguir mi particular ritual lentamente, incluso en mi juventud. 
 
Primero retirar ligeramente la lámpara para dejar espacio suficiente para acomodar unos pliegos de papel verjurado, siempre blanco, flanqueados por el estuche de la estilográfica y el bote de tinta, cuyo color depende de mi estado de ánimo, o del carácter del escrito que voy a acometer.

Después con cortos movimientos, pausados y sencillos, abro el estuche de cuero rugoso disfrutando de su especial tacto y saco la estilográfica de su mullida cama de seda. Es un dulce despertar. A veces incluso le digo unas palabras como si abrazara a un bebé fuera de su cuna: “...ha llegado el momento de que te expreses...”. 
 
El cuerpo de celuloide laminado semitransparente – terso, pulido – muestra los brillos nacarados de las franjas silver pearl. Apenas pesa. Descansa en la mano casi sin apreciarse. Como un niño aún dormido en los brazos de su padre.

Desenrosco el capuchón con ese elegante clip art decó en forma de flecha – golden arrow se llamó en el momento de su lanzamiento este modelo, allá por el final de los años 30 del siglo pasado – y extraigo el cuerpo cilíndrico y curvado con el plumín de 14 kilates fino y brillante. Me gusta mantenerlas impecables, limpias y listas para el uso.

Hago girar el final del cuerpo y dejo a la vista el botón de plástico transparente – fruto de las restricciones de la época de guerra en que se sustituyó el original metálico – que al accionarlo presiona el diafragma interior y vacía el depósito. Destapo el frasco de la tinta marrón chocolate, esta vez , será por el ambiente invernal próximo a la Navidad, y sumerjo ligeramente el plumín que desparece en el denso líquido. 
 
Presiono lentamente el botón – ese sistema de llenado que revolucionó el mundo de las estilográficas y que se convirtió en el método más limpio y seguro – y el aire sale formando pequeñas burbujas que aparecen en la superficie y crean curiosos reflejos en la capa de tinta. Al soltarlo el líquido entra por succión en el interior del cuerpo – el primer depósito sin funda de la historia – y lo rellena poco a poco, intentando expulsar el aire contenido. Repito la operación varias veces pausadamente, aguantando unas décimas en el punto máximo de presión antes de soltar tal y como recomendaba el fabricante, para que poco a poco el aire residual vaya siendo expulsado y la cavidad quede totalmente rellena de tinta. 
 
Finalizada la operación, mezcla de tradición y tecnología, limpio con un paño liso sin pelusas el plumín y me apresto a probar su escritura. Con una suave sensación de firmeza se apoya en el papel y se desliza fácilmente dejando su rastro de color marrón. El aroma de la tinta con esencia de canela, inunda sutilmente la atmósfera bajo la cálida luz de la lámpara de mesa. El plumín, duro pero flexible, se curva infalible abriendo el punto con facilidad según presiono. La escritura se convierte entonces un arte.


Recuerdo aquella temporada 58... “el año en que acabó el sueño” escribieron los periódicos.
En realidad, el sueño llevaba ya varias temporadas siendo un duerme vela inquieto e inseguro y en aquella se convirtió casi en pesadilla. En el equipo éramos muy conscientes de ello y aunque sufrimos por la impotencia, nuestro disgusto fue mucho menor que el de los aficionados. En el Club muchos se negaban a admitir la realidad y lo peor es que sobre todo en los medios, se seguía exigiendo unos resultados que no estaban a nuestro alcance. Fue una época dura, sin duda.
El Equipo se había forjado apoyado en veteranos de mucha calidad y algunos jóvenes muy valiosos, sobre todo en el mediocampo. Y con el paso del tiempo aunque los segundos alcanzaron su máximo potencial, la defensa y la delantera perdían cualidades sin cesar. Éramos un gigante con pies de barro. Bueno, o una locomotora sin ruedas, ni raíles... difícilmente podía ir a ningún sitio.
En vista de lo que venía sucediendo en las temporadas previas y de que no había mucho más margen de mejora con el entrenamiento de jugadas, decidí cambiar – como por otro lado estaba ya planificado desde hacía tiempo – al de anotación, que nos había dado grandes alegrías y enormes jugadores en el pasado con el Míster Gierada. Los partidos se habían convertido en una frustración porque por mucho que domináramos, no éramos capaces de hacer goles y en cambio cada vez que nos llegaban, nos marcaban. Esto fue minando a los jugadores y no se podía comprender desde la grada. La verdad es que injustamente se acusó a algunos jugadores o al conjunto, por su falta de dedicación. Pero no era esa la causa. Cuando el oxígeno no llega a las piernas, hace tiempo que no pasa por el cerebro. Y si la cabeza está vacía, el corazón no importa.
La apuesta era fuerte y valiente, pero era la única salida y desde el principio significaba ponernos en un gran riesgo, casi una certeza, de perder la categoría.
El recorrido en V había sido increíble. Nadie pudo jamás soñar con algo así.
Llegamos a base de esfuerzo en un partido de promoción histórico. Y durante las primeras dos temporadas habíamos arañado la salvación del descenso directo, y a base de corazón, habíamos conseguido mantenernos en el partido de promoción. Éramos un enano compitiendo con gigantes. Y todos lo asumimos. Y parecía lo normal.
Quizás el desastre – qué ironía – fue el éxito impensable de la tercera temporada en V, la 55. De golpe todo encajó y el Equipo se aupó a la segunda plaza del grupo, ¡ en V nada menos !. Fue un momento mágico y el premio a mucho trabajo tanto en los despachos como en el terreno de juego y sobre todo llevados por el clamor y apoyo de las gradas.
Pero, las expectativas se dispararon.
A muchos se les subió el éxito a la cabeza y les nubló la vista, y dejaron de ver la realidad. La temporada siguiente a pesar de los buenos resultados, similares a la 55, acabamos cuartos. El resto de los equipos también mejoraban, ¡qué demonios!, pero eso nadie parecía comprenderlo.
En la 57 volvimos a nuestro lugar y de nuevo nos salvamos in extremis del descenso directo, en el último partido. Y ganábamos el partido de promoción brillantemente. Era como prolongar la condena una temporada más.
Y al final llegó el descenso. Es verdad que podríamos habernos salvado de nuevo en el último partido. El Equipo estaba agotado y las lesiones, sobre todo en defensa, nos tenían muy limitados. Decidí hacer una alineación, un poco arriesgada, pero en mi cabeza, muy adecuada. Premié a los jugadores que estaban en mejor forma y que más habían trabajado. Pero se nos escapó entre los dedos.
Al final habíamos conseguido depender de nosotros, de nuestra victoria, en ese último partido frente al cuarto clasificado. Saltamos al campo pensando sólo en la victoria. No servía otro resultado. Pusimos una 2-5-3: no se puede ser más directo. El principio, a pesar de las ocasiones que creábamos, parecía un calco del resto de la temporada – y alguna anterior –, dominio, pero el gol no llegaba. Por fortuna atrás, Hajiabadi en la portería y Majidi y Kida, con la ausencia de César lesionado gravemente y obligado a la retirada, se empleaban como auténticas fieras frente a la clara superioridad del ataque rival.
Pero no se puede aguantar eternamente y al principio de la segunda parte nos hicieron dos goles en dos minutos, en dos ocasiones de las cinco que consiguieron hacer en todo el encuentro. Qué crueles son a veces las cifras.
Por suerte teníamos grandes jugadores y grandes mitos en el Equipo siempre los hemos tenido que sabían cuándo se les necesitaba. Un par de minutos después, el Ratoncito, convertido ya en un veterano indispensable y segundo capitán, asumió la ausencia de Molins, también lesionado, y decidió ser él quien empezara a cambiar el destino. Una internada brillante a base de picardía y habilidad, rematada con un disparo tremendo que restalló en el larguero antes de reventar las mallas –como le gustaba al gran Maestro Holandés del eterno número 14 – nos dio el 1-2.
La reacción del resto del Equipo, espoleado por su líder, no se hizo esperar y una aluvión de juego nos llevó, apenas tres minutos después a forzar al contrario a cometer un penalti, que el fiable Majidi no desaprovechó. Era el 2-2 y quedaban más de 25 minutos.
Lo seguimos intentado, pero el rival sacó refuerzos frescos, incluso de mayor calidad. Es lo que tienen los equipos de este nivel. Y a pesar del esfuerzo y el dominio, no logramos marcar el gol de la victoria. Y de la promoción.
Cuando sonó el silbato con el 2-2 en el marcador, una proeza sin duda, creo que a muchos se les cayó la venda de los ojos.
Terminábamos la temporada con tan sólo 1 victoria y 1 empate, – bueno, contabilizamos otras dos por la baja de uno de los equipos del grupo – y con apenas 8 goles marcados en 14 partidos. El pichichi del Equipo en Liga fue Majidi con 3 dianas, lo que es una cifra realmente insignificante. En toda la temporada nos sorprendimos con grandes goleadas en Copa, donde el Equipo alcanzó la nada desdeñable tercera ronda y posteriormente la cuarta en la Rubí. En total 25 goles con el canterano Jarés, el fiable Gomila, el emperador César y un comprometido Pinilla, alcanzando cada uno la máxima cantidad de 3 goles. En los amistosos, Toledo, un joven canterano que vio frustrado su ascenso en mediocampo con el cambio de entrenamiento, se resarció convirtiéndose en el máximo goleador con 4 tantos.
Con estos resultados, realmente hay que reconocer que no nos merecíamos seguir en la categoría. Creo que aun hoy en día, hay muchos que siguen sin entenderlo. La sentencia casi era una liberación.
El proyecto estaba de nuevo vivo: bajar a VI y competir de nuevo; terminar de formar a los magníficos delanteros que habíamos criado en el juvenil: Jarés sorprendente máximo goleador de la temporada y que ya apuntaba a lo que llegaría a ser; Parfenie y Filegonio Orge, el futuro capitán, e incluso traer nuevos jóvenes de fuera; recuperar el espíritu de victoria y entrar en el mercado tras varias temporadas de ahorro para renovar la defensa y hasta la portería a pesar de la calidad existente; … en fin... sacábamos la cabeza del pozo en el que habíamos sufrido varias temporada y en especial en aquella en que como récord sólo podríamos contar las goleadas en contra...
No quedaba otra que hacer examen, pulsar las teclas necesarias en el ánimo de jugadores y afición y ponerse a trabajar. Una temporada da para mucho y el objetivo del ascenso a V, al que no había por qué renunciar, exigia lo mejor de cada uno de nosotros.”


domingo, 3 de marzo de 2019

Juan Gilbert: el mejor jugador de la historia


Don Albert miró el pequeño reloj de cuco que colgaba al otro lado del chiscón, levantándose las gafas hasta la amplia calva. Durante unos segundos le costó enfocar la mirada, por la tenue luz que iluminaba la parte alta de la pared y por llevar varias horas trabajando tras las gruesas lentes de cerca. Alrededor de él, acuclillado sobre un taburete de poco más de un palmo de altura, se extendía una marea de zapatos y botas de todo tipo y tamaño, en un ineescrutable orden que sólo él conocía. Las manillas señalaban las ocho menos diez.
La campanilla sonó al abrirse la puerta. Tras el bajo mostrador de madera oscurecida por las sucesivas capas de barniz apareció su primogénito Albert, como él, quitándose el grueso gorro de lana.

Ya he entregado el último”, dijo mientras trataba de calentarse las manos, juntas, con el aliento. 
"Ve recogiendo, anda”, le contestó sin levantar la vista, mientras terminaba de pulir con la gamuza un par de borceguíes recién hechos.

El joven con diligencia cerró las contraventanas del pequeño escaparate que ocupaba la única fachada y comenzó a barrer los restos de cuero, clavos y trapos manchados de betún que se acumulaban en el serrín que cubría la desgastada tarima.

El pequeño espacio era un festín de olores y fragancias. 

La luz baja, concentrada en el suelo, sacaba matices diversos a la madera que cubría el zócalo y el mostrador con los estantes donde se acumulaban los zapatos reparados para entregar a los clientes.

Al poco D. Albert se levantó quejumbrosamente de su escabel y se colocó la zamarra de grueso paño mientras recogía el paquete recién envuelto en papel de estraza y atado con un cordón viejo y salió mientras su hijo apagaba la luz y cerraba la puerta.

Un penetrante chirrido acompañó la bajada del cierre metálico. “A ver si mañana le echamos un poco de grasa a los carriles”, pensó. Echado el candado, padre e hijo se dirigieron andando pausadamente y en silencio calle abajo hasta cruzar el río. Luego una suave pendiente flanqueada por álamos les condujo hasta un arco que daba entrada a la plaza porticada. La atravesaron por el centro, siguiendo el eje mayor, mientras observaban de refilón los escaparates ya adornados con luces y estrellas.

Al otro lado, a la derecha, una calleja estrecha y serpenteante que salía hacia el este, desembocaba un centenar de metros después en un escondido patio irregular en fondo de saco. Al acercarse oyeron el golpeteo de un viejo balón de cuero deshinchado rebotando contra los muros de piedra. El sonido del puntapié y posterior choque con las paredes, era rítmico y constante.

Antes de que se les pudiera ver desde el pequeño patio, el rebote del balón se detuvo y tras un breve silencio, el sonido de unos pies menudos corriendo a pasos cortos y rápidos repiqueteó sobre los adoquines.

Juan, el pequeño de los varones, nacido el año siguiente a que dejaran su tierra, apareció por la esquina con el balón bajo el brazo y el cuerpo inclinado para mejorar la velocidad del giro, con su flequillo revuelto, sus pantalones cortos y las mejillas encendidas por el ejercicio.

Corrió hacia los dos hombres y se detuvo, respetuosamente unos metros antes, clavando sus ojos marrones en su padre a la espera del permiso para saludar.
Sin levantar la mirada del pavimento D. Albert dijo secamente: “Hola Juan. Vamos a cenar”.

El niño se colocó al lado de su padre y siguió su andar cansino. El padre con un suave gesto colocó su mano sobre la cabeza del niño y acarició lentamente sus cabellos, en movimientos circulares.

Juan no pudo evitar mirar de reojo el grueso paquete que el viejo llevaba bajo el brazo. Después, como los dos adultos, fijó la mirada en el suelo y los tres caminaron hacia la puerta de la casa.


Dentro el calor de hogar se unía al de la cocina de hierro que ocupaba un lateral, para caldear aquella noche de diciembre. El aroma del caldo de verduras invadía la estancia donde la familia hacía la vida alrededor de una mesa redonda bajo una lámpara de telasuspendida del techo. Un par de sillones con una pequeña mesa en la que había una lámpara de latón en el rincón de la chimenea, junto a la escalera que subía a los dos dormitorios, completaban el escueto mobiliario. No había espacio, ni necesidad, para más.

La pequeña Clara, dos años menor que Juan, y que a duras penas superaba la altura de la mesa, estaba colocando los platos, vestida con un mandil de cuadros parecido al de su madre, quien se afanaba en el fogón con una gruesa cuchara de madera en la mano a modo de batuta.

Rápidamente terminaron de disponerlo todo para la cena, mientras el Padre y el hijo mayor se lavaban las manos llenas de betún y se refrescaban la cara en una pila junto a la puerta trasera de la cocina.

Una vez sentados todos a la mesa alrededor de la humeante sopera, Don Albert como todas las noches dio gracias por la comida y la felicidad de tener a toda la familia reunida tras una larga jornada, en una ceremonia que no por repetida dejaba de ser plenamente sentida por cada uno de los miembros.

Después en un ritual perfectamente sincronizado fueron pasando los platos hasta la madre, que tras llenarlos de sopa los devolvía en el mismo movimiento circular para que quedaran repartidos en la mesa. Cuando comenzaron a comer, en silencio, Juan no podía dejar de mirar aquel paquete que su padre había dejado sobre la mesita junto a los sillones. Pero ni dijo nada, ni se le ocurriría hacerlo.

La cena transcurrió pausadamente y en casi total silencio, salvo algunas breves preguntas de la madre sobre los acontecimientos del día que fueron respondidas por Albert hijo, completando los monosílabos de su padre.

Cuando llegó la hora del postre, Doña Inés bajó la pesada puerta del horno y sacó un esponjoso bizcocho sobre el que vertió una gruesa capa de chocolate aún caliente, con el cazo. 

Luego sacó unas velas del pequeño cajón de la alacena y adornó la tarta. Las encendió con un ascua del fogón y la llevó a la mesa colcándola en el centro con una enorme sonrisa. Juan pensó que la cara de su madre resplandecía más que la de la figura de la Virgen del altar de su colegio.

Por un momento todos miraron a Juan y los ojos les brillaban llenos de cariño. La pequeña Clara corrió al lado de su hermano. Con la tarta delante del niño, éste se subió de rodillas a la silla para contemplarla en toda su magnitud y poder acercarse más a ella. La miró con emoción un segundo. Después, miró a su padre.

Feliz cumpleaños, hijo. Puedes pedir un deseo y soplar las velas”, dijo escuetamente. En su ronca voz había una pincelada de calidez que Juan rara vez escuchaba.

Juan miró al paquete de reojo y después cerro muy fuerte los ojos y juntó las manos. Con los ojos cerrados y una única cosa en la mente, respiró hondo. De inmediato los abrió, se echó hacia delante y apagó las 8 velas de un solo soplido. Los aplausos de Clara adornaron el momento. Después su madre cortó la tarta y la repartió en el mismo orden que el resto de la comida, siguiendo la posición en la mesa: primero el padre, luego Albert hijo, después Juan y Clara y finalmente ella.

Todos degustaron la tarta con una sonrisa. Menos Juan que dio cuenta de ella como si pudiera desaparecer si perdía un sólo segundo. Una vez terminada se limpió los restos de chocolate de la comisura de los labios y cruzó los brazos sobre la mesa poniendo erguida la espalda, como tantas veces hacía cuando las monjas exigían orden y silencio. La mirada clavada en su padre.

Este saboreaba el bizcocho lentamente con la mirada fija en el plato. Tras apenas un segundo, que a Juan le parecieron horas, pero dispuesto a aguantar lo que hiciera falta, el padre le miró por encima de los gruesos cristales. Apenas una décimas y volvió a bajar la mirada al plato. Y pausadamente dijo: “Anda, Albert dale el paquete”.

El hermano mayor se levantó y cogió el paquete que estaba detrás él. Con una gran sonrisa, como si conociera un secreto que por fin iba a compartir con su hermano menor, se lo acercó. Juan sólo tenía ojos para el paquete cuando este llegó a sus manos, pero aún así se detuvo un segundo y miró con todo el amor que podía primero a su padre, que le devolvió un guiño imperceptible y después a su hermano y a su madre. Clara se abalanzaba sobre él. Respiró profundamente y desató el nudo y retiró el papel.

Sus ojos brillaron como nunca y su respiración se aceleró hasta lo indecible. En sus manos tenía el par de botas de fútbol más brillantes y más bonitas que jamás podría haber imaginado. El cuero negro estaba pulido e impecable y los refuerzos cosidos y teñidos de blanco alrededor de los ojales, en las cuatro franjas de los laterales y en la parte alta del talón le daban un toque de distinción y elegancia. Parecían los guantes de un mago... del balón. Pasó los menudos dedos recorriendo cada milímetro de su superficie. Después les dio la vuelta y acarició los pequeños tacos de goma de la suela. Era como si toda la vida hubieran estado unidos al cuerpo de la bota. Apenas se podían distinguir las costuras engrasadas metidas en las pequeñas acanaladuras de la suela. Les dio varias veces la vuelta y las observó desde todos los ángulos apreciando cada detalle, antes de pedir permiso para ponérselas.

Pues claro, cariño, son tuyas”, le dijo su madre, confirmándole algo que todavía no podía creer.

Cuando se las calzó notó como el pie entraba suavemente y quedaba acomodado en el interior acolchado. Cuando tensó los cordones la piel se ciñó perfectamente a la forma del pie. Tras pasar los largos cordones blancos alrededor de la bota un par de veces los ató con doble lazada bien sujetos. Entonces se puso de pie.

Por un momento necesitó acomodar el peso en toda la planta para poder estabilizarse sobre los pequeños tacos. A continuación dio unos pasos. Las botas eran ligeras y flexibles. Y agarraban el pie con firmeza. Lanzó una mirada llena de alegría e ilusión a sus padres.

Anda, ve al descampado a probarlas...”, le dijo su madre, y cogiendo el balón salió como una exhalación. Su hermano apenas pudo ponerse el chaquetón para seguirlo.

Albert, sólo media hora, que se tiene que acostar pronto para el partido de mañana”, le dijo Doña Inés.

Tranquila, mamá...”.


En el descampado que había al otro lado de la tapia del jardín trasero, Juan comprobó que los tacos se agarraban a la tierra suelta y algo dura como nunca había notado unas suelas. Giraba y no se resbalaba. Frenaba y tenía pleno apoyo para salir como una flecha de nuevo.

Y al golpear el balón, la puntera reforzada y el empeine con la curva suave y uniforme, acariciaban el balón con el tacto perfecto de cada costura de la pelota. Podía chutar tan fuerte como quisiera. El cuero amortiguaba la dureza del balón recién hinchado por su hermano.

Así estuvo un buen rato que a él le parecieron siglos hasta que Albert le avisó para que pararan y volvieran. No había nada que le gustara más que jugar con su hermano mayor. las contadas veces que éste podía. Bueno, salvo jugar partidos con un equipo importante como iba suceder la día siguiente, claro.

Iba a jugar en los benjamines del equipo de la ciudad. Aún le faltaba un año para tener la edad, pero el Padre Servando, quien le dirigía en el equipo de su colegio, había avisado a un amigo suyo que estaba en el cuerpo técnico del equipo profesional, un polaco muy raro al que no se le entendía nada y escupía en el suelo constantemente, para que le viera en alguno de los partidos de la Liga de Colegios y este le había dicho que Juan tenía que “probar” en el Equipo.

Que su cumpleaños fuera justo el día de antes de la prueba había sido una gran suerte. Con esas botas ya nadie le alcanzaría. Sería un rayo corriendo con el balón por el campo. Podría poner el balón donde él quisiera y nadie podría aguantar sus regates.

Cuando volvían andando, por un momento, por primera vez, pensó que quizás no estaría a la altura de aquellos chicos mayores que él.

Tú tranquilo, Juan, juegas mejor que ningún niño que haya visto y sabes perfectamente lo que tienes que hacer”, le tranquilizó su hermano.

Y al fin y al cabo Albert sabía mucho de fútbol. Bueno, sabía casi todo lo que se puede saber.

Antes de mudarse a donde ahora vivían, hacía catorce años Albert había sido seleccionado, en un partido parecido, para jugar con el FCB, un equipo muy importante de la Ciudad de los Condes. Jugó allí durante seis años, eso había oído Juan en las contadas ocasiones en que se hablaba de aquella época en casa, llegando a los juveniles. Todos decían que era un magnífico jugador y que algún día sería profesional.

Después cerraron la fábrica de calzado donde trabaja su padre por culpa de algo relacionado con las fronteras o con el gobierno de aquella región, él nunca había entendido eso, y la familia tuvo que mudarse fuera para encontrar trabajo. Don Albert puso la zapatería, que era lo que había hecho toda su vida y su madre empezó a trabajar en la fabrica de mantas. Su hermano tuvo que empezar a trabajar, mientras estudiaba por las noches. Como cartero por las mañanas, en el mercado llevando recados por las tardes y en el horno de pan en las madrugadas de los fines de semana, además de ayudar a su padre. Con ese horario no quedaba tiempo para jugar al fútbol, aunque este nunca desaparecería de su vida. Le gustaba leer sobre fútbol, veía todos los partidos que podía en los campos cercanos, da igual de qué categoría o edad, en la televisión, donde fuera y algún día, sí, quizás algún día, seria entrenador.

Cuando acabó los estudios ingresó en la oficina de patentes y después de la jornada seguía ayudando en la zapatería. Ahora con casi 25 años, el fútbol era un bonito recuerdo y sobre todo la ilusión de ver a su hermano menor convertirse en mejor jugador de lo que él jamás habría podido llegar a ser.

Mientas regresaban a casa, Albert le cogió cariñosamente por el hombro y le acercó a él, mientras le revolvía el pelo como su padre, en una broma habitual entre los hermanos. Y Juan en ese momento sintió que efectivamente sabía lo que tenía que hacer al día siguiente y que todo saldría bien. 

También supo que su vida sería el fútbol y que le devolvería a su hermano todo el esfuerzo que él había dado a la familía, para permitirle a Juan vivir su sueño.


Al día siguiente Juan entró brillantemente en los benjamines de Falkis y siete años después pasó a los juveniles de DaniFalkis, donde jugó tres temporadas y consiguió 6 goles, alcanzando una máxima puntuación de seis estrellas y media.


Ascendió al primer equipo en la T30, última temporada del italiano Darío Mazzola. La siguiente temporada vivió, ya con el Míster Gierada, el primer descenso a VIII, por lo que a lo largo de su carrera ha jugado en todas las categorías por las que pasó el Equipo, hasta la histórica y mítica V.

Ha jugado casi 300 partidos con el equipo y con los años se ha convertido seguramente en el auténtico mito del Club: un jugador que desarrolló toda su carrera en Falkis y que consiguió los más grandes éxitos y reconocimientos. Una leyenda.

Hoy en día es considerado uno de los más grandes jugadores y como anécdota mencionar que su cromo de la temporada 31, en la que el Equipo consiguió el ascenso a VI en un partido en el que Juan Gilbert llegó a las increíbles 9 estrellas convirtiéndose en el centrocampista con mayor puntuación hasta aquel momento, ha obtenido cifras estratosféricas en las subastas de memorabilia.

Fue el más joven en incorporarse a los Tres Mosqueteros, línea meduar que marcó el antes y el después en el devenir de falkis, aunque dada su habitual precocidad fue ascendido el segundo tras Fortuny.

Su elegancia, tranquilidad y su honradez en el campo le valieron el sobrenombre de El Kaiser. 

En la T39 se convirtió en el mejor jugador de la historia del Club.


Desde la T30, ha sido el jugador en activo más veterano de la plantilla.

Aunque la llegada de los jóvenes valores de la llamada APP, media diseñada desde la cantera, le relegó a una situación más apartada de la titularidad, siguió ayudando al Equipo cuando así se le necesitó y disputó su último partido, un amistoso, en la T53.

A lo largo de su carrera destacó su carácter carismático que suponía un referente en el vestuario, donde su experiencia y su visión del juego siempre fueron muy tenidos en cuenta.

Siendo su mayor habilidad el juego del balón y siendo un jugador especialmente rápido, también consiguió sus logros como golpeador, anotando a lo largo de su carrera 2 hattricks. 
Se proclamó Pichichi del Equipo en la T41 con 4 goles.

Se retira con 45 años como el 6º mayor goleador en activo y 9º histórico, con 49 goles en partidos de liga, otros 12 en Copa y 20 en amistosos, para un total de 81 goles. Fue máximo goleador histórico en Copa y también en Amistosos adelantando a su amigo y compañero Fortuny .


Tras 37 años en las diferentes categorías de Falkis, su declaración en su perfil del equipo adquiere sin duda toda la relevancia: “Todo se lo debo a mis entrenadores de Falkis”.


Juan Gilbert tendrá un lugar destacado en el equipo técnico del Club y en el Salón de la Fama de Falkis, como lo tiene por méritos propios en la historia y en el corazón de todos los aficionados y seguidores del Equipo de toda su vida.